Interrupciones en la cadena de suministro: por qué las cláusulas de fuerza mayor pueden ser útiles
El reciente conflicto con Irán ha provocado un bloqueo generalizado del estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el transporte de petróleo. Al mismo tiempo, existe el temor de que los rebeldes hutíes vuelvan a atacar el estrecho que separa el mar Rojo del océano Índico y, de este modo, puedan bloquear también el paso por el mar Rojo y el canal de Suez. Siempre que se producen perturbaciones de tal magnitud en las cadenas de suministro mundiales, los proveedores invocan la denominada «Force Majeure».
Por «Force Majeure», esto es, «fuerza mayor» se entienden aquellas situaciones en las que el proveedor, debido a acontecimientos externos imprevisibles, se ve impedido de cumplir con sus obligaciones contractuales (es decir, la entrega de la mercancía). En este sentido, es fundamental que el hecho en cuestión no hubiera podido evitarse ni preverse por parte del proveedor, incluso habiendo actuado con la máxima diligencia. Las catástrofes naturales, las pandemias y las guerras constituyen ejemplos típicos a los que se aplica dicha objeción. Sin embargo, la objeción de fuerza mayor no está prevista legalmente en el Derecho de compraventa alemán. Por lo tanto, para que las partes puedan invocarla, es necesario que hayan incluido una cláusula de este tipo en su contrato. Al redactar dicha cláusula de fuerza mayor (que en algunos casos también adopta la forma de cláusula hardship, cláusula de crisis o cláusula de guerra), se establecen expresamente los acontecimientos que se considerarán fuerza mayor, así como las consecuencias que de ello se derivan para la relación contractual -p.ej., el derecho a la resolución extraordinaria o a la adaptación del contrato-.
A falta de una disposición expresa de este tipo, las partes no pueden invocar la fuerza mayor, por lo que solo les queda recurrir a las disposiciones legales. Según la legislación alemana, si se dieran estas circunstancias -en las que normalmente cabría invocar la fuerza mayor-, ello equivaldría, regularmente, a una alteración de las bases del contrato con arreglo al § 313 del Código Civil alemán (BGB), de modo que, en caso de duda, la parte afectada podría exigir una adaptación del contrato con arreglo al § 313 BGB, incluso a falta de una disposición contractual al respecto. Sin embargo, para que esto sea válido, las condiciones marco modificadas por el hecho en cuestión deberían haber pasado a formar parte de la base del contrato. Esto es algo sobre lo que se puede discutir ampliamente.
Asimismo, las circunstancias concretas pueden hacer que la entrega debida resulte totalmente imposible en un caso concreto, por lo que la obligación de entrega del proveedor queda sin efecto con arreglo al § 275, apartado 1, del Código Civil alemán (BGB). No obstante, el comprador tiene entonces la posibilidad de reclamar una indemnización por daños y perjuicios al proveedor (§ 275, apartado 4, del BGB). Esto puede constituir una solución de acuerdo a los intereses, aunque no necesariamente.
Por lo tanto, aunque no exista una cláusula de fuerza mayor, el proveedor no se encuentra necesariamente desprotegido; sin embargo, dicha cláusula ofrece a las partes la posibilidad de regular diversos escenarios con antelación y de común acuerdo, de la forma más clara posible, de manera vinculante para ambas partes y con consecuencias jurídicas adaptadas a cada caso concreto. En caso de que se produzca una situación de este tipo, esto evita los litigios que pueden surgir tan pronto como se produzca un incumplimiento imprevisto de la entrega y las posiciones de ambas partes ya se hayan endurecido debido a la tensa situación de suministro.