El reto fiscal de la microempresa en España y la expansión de IA como modelo de negocio
Imagina que un proyecto empresarial cabe en una mochila: un portátil, una cuenta bancaria y un agente de IA que redacta propuestas, desarrolla proyectos y atiende a clientes. Hasta aquí todo bien. Ahora añade un segundo factor: Hacienda. Y la pregunta es: ¿Puede una microempresa ser demasiado productiva según nuestra administración tributaria?
En España, cuando una sociedad presta servicios ligados a la capacitación profesional de su socio (consultoría, asesoría, creación de contenido digital, agencia comercial, etc.) y tiene poca estructura (0, 1 o 2 empleados), la Inspección Tributaria suele sospechar que estamos ante una sociedad instrumental o interpuesta. Si concluye que la sociedad solo sirve para facturar lo que realmente hace su socio, puede atribuir los ingresos de la sociedad a este en el ámbito del IRPF (en vez de Impuesto sobre Sociedades) y, además, calificar el negocio como simulado e imponer sanciones que pueden superar fácilmente el 75%. El incentivo para la hacienda pública es obvio, el IS ronda el 25% mientras que el IRPF es progresivo y puede ir del 45% hasta el 54% según el tramo y la comunidad autónoma.
En las Directrices del Plan de Control Tributario para el ejercicio 2025, la Agencia Tributaria anuncia que va a intensificar la vigilancia y posibles discrepancias entre el nivel de vida y renta declarada por los contribuyentes, incluyendo el uso abusivo de sociedades instrumentales para desviar gastos personales, colocar activos para uso particular o actividades empresariales simuladas. En otras palabras, se avecina una campaña de inspección agresiva contra pequeñas empresas, y las consecuencias pueden ser muy perjudiciales para la competitividad y supervivencia de muchas de ellas.
Y si buscamos la protección de los Tribunales, hemos de manifestar en base a nuestra experiencia, que solamente una prueba sólida y el acompañamiento de abogados especialistas en derecho tributario – y esto es importante – desde el inicio de la inspección, podrían evitar en determinados casos la imputación a una microempresa y sus socios de simulación tributaria, con todos los perjuicios que ello conlleva.
Desde nuestra perspectiva, esto no es sino otra piedra más en el camino para una competencia empresarial en igualdad de condiciones. Actualmente con el uso de la IA, modelos como micro‑SaaS o agentes que venden y desarrollan servicios 24/7, medir la sustancia de una entidad por su número de empleados, o por el alquiler de un local, representa una escenario anacrónico y obsoleto. Si queremos microempresas competitivas, hacen falta reglas claras y confianza en las mismas (especialmente en entornos digitales), pues de lo contrario se desincentiva la creación e innovación tan necesaria en el entorno empresarial europeo.